Réquiem para un capo
Por Jaime Ramírez Yáñez
El jueves 29 de julio fue un día largo y pesado para los vecinos de Colinas de San Javier. Desde muy temprana hora, a las 10 de la mañana, los habitantes de las calles Paseo de los Parques, avenida Acueducto y Paseo del Acantilado, escucharon los motores de dos helicópteros militares que sobrevolaban la zona.
Casi al mismo tiempo, arribaban aproximadamente 200 soldados a bordo de varios vehículos. Todos encapuchados y con los FAL en la mano. En ningún momento los militares estuvieron acompañados por alguna autoridad jurisdiccional o agentes del Ministerio Público. Una vez que descendieron rápidamente los transportes, los soldados se dirigieron a tres casas. En una de ellas, en la cual se podía observar un portón de madera con un techado de rojas tejas. En ese lugar se escucharon disparos. Los vecinos no sabían qué sucedía, por lo que llamaron la Policía Estatal para alertarlos sobre lo que acontecía en su colonia.
Aproximadamente a las 11 de la mañana, llegaron varios oficiales en patrullas de la Dirección de Seguridad Pública. Ya en el lugar los policías se entrevistaron con los militares, pertenecientes al 14 Batallón de Infantería, cruzaron algunas palabras e inmediatamente abandonaron el lugar. En pocos minutos las calles fueron cerradas. Se interrumpió el tránsito de vehículos y de personas. Asimismo la luz y las líneas telefónicas fueron cortadas. Nadie sabía lo que sucedían en las inmediaciones de Colinas de San Javier.
Aproximadamente a las 12 del día comenzaron a llegar algunos medios de comunicación a la zona. Ningún militar quería informar acerca del operativo. Al as 13:00 horas el rumor comenzó a esparcirse en el sentido de que la movilización era para aprehender a Ignacio Coronel Villareal, Nacho, que había sido localizado gracias a la detención de dos personas un día antes, quienes habrían “cantado” sobre el paradero del duranguense.
Así pasaron varias horas. A las 15:00 horas el tema de la detención de Coronel Villarreal se le agregó otro ingrediente: que no sólo ya había sido apresado sino que estaba muerto. Pero nadie, en el lugar de los hechos, confirmaba o desmentía la versión. También circuló la especie de que junto con el capo, había otro detenido, Juan José Esparragoza, “El Azul”.
Finalmente, a las 17:00 horas se corrió la voz de la que la Secretaría de la Defensa Nacional confirmaría lo que comenzó como un rumor: que Nacho Coronel había sido detenido y muerto tras un enfrentamiento con militares, en que el que también falleció uno de los elementos. En el lugar fue asegurado su chofer, Irán Francisco Quiñónez Gastélum, quien fue confundido en principio con “El Azul”.
El cadáver de Nacho Coronel permaneció en el lugar del cateo hasta la madrugada del viernes. Fue hasta las 5:40 am, cuando llegaron a la casa intervenida los peritos del Instituto jalisciense de Ciencias Forenses. El cuerpo fue conducido al Servicio Médico Forense en medio de un fuerte operativo compuesto por nueve vehículos. Los restos mortales de Coronel Villarreal ingresaron a las 7:30 de la mañana al anfiteatro.
Los militares cerraron la calle de Belén para prever cualquier intento de rescate del cadáver. A las 10 de la mañana del viernes 30, un hombre y una mujer arribaron a la agencia del Ministerio Público para informarse sobre el cuerpo del duranguense. Inmediatamente ambos fueron subidos a vehículos militares en los que fueron trasladados a algún lugar del cual no se informó.
A las 11:30, un carroza fúnebre escoltada por dos vehículos militares se estacionó frente a las puertas del Servicio Médico Forense (Semefo). Ambos tripulantes ingresaron al lugar y pocos minutos después salieron con un cadáver. Entregaron unos papales a los militares y se retiraron ya sin escolta. El mismo viernes por la tarde trascendió que la autentificación del cadáver de Coronel Villareal la harían peritos de la Procuraduría General de la República (PGR), quienes ya realizaban pruebas antropomórficas, de huellas dactilares y fotografía. Al tiempo se abrió la averiguación previa PGR/SIEDO/UEDCS//348/2010. De esta forma, terminó oficialmente la vida de Nacho Coronel a los 48 años de edad.
Por la madrugada del viernes otro familiar de Nacho Coronel, un sobrino, cayó abatido también por militares. Mario Carrasco Coronel “El Gallo”, se enfrentó al personal del Ejército, en Zapopan, en la colonia Rinconada de los Novelistas, para impedir su captura y falleció.
Nacho Coronel se inició en las actividades del narcotráfico junto con su hermano Magdaleno —ambos originarios de Canelas, Durango— a mediados de los años 80, a la sombra de Amado Carrillo Fuentes, líder del Cártel de Juárez. Como encargados de supervisar los envíos de droga a través del territorio duranguense.
En 1991, ambos se separan del “Señor de los Cielos” y se contactan con Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”. Tras el homicidio del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, Magdaleno es perseguido por el grupo de Inteligencia Militar, entonces a cargo de Horacio Montenegro Ortiz.
El 3 de junio de 1993 los militares lo detienen y dos días después aparece muerto. Su cadáver le es entregado a su hermana mayor, María de Jesús, quien en su momento, afirmó que se lo había llevado vivo y negó que se hubiera enfrentado a los militares. El cadáver de Magdaleno estaba mutilado y presentaba huellas de tortura.
A partir de ese momento Nacho se hizo cargo de la parte del negocio que le tocaba y se quedó como responsable de la familia, la cual es conformada además de los padres,por otras seis mujeres. En los últimos meses, Coronel Villareal transitó por varios eventos difíciles, entre ellos, la detención de su primo Ernesto Coronel, y la muerte de su hijo Alejandro de 17 años, quien fue secuestrado por Los Zetas en Nuevo Vallarta, Nayarit, y posteriormente ejecutado.
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