Domingo 05 Septiembre 2010 05:47 pm

OBSERVAR LA REALIDAD A 360°: Cárcel a aquellos irresponsables que contagien graves enfermedades


Por Moisés Mora Cortés *

En verdad que resulta urgente demandar la intervención de las autoridades legislativas y ejecutivas para emprender las reformas que hagan falta a efectos de encarcelar a todos aquellos responsables de las actuales epidemias incontrolables que vivimos en diversas partes del país, que tienen ahora también con la ya famosa influenza humana, a varias centenas de convalecientes en hogares y hospitales, y a más de doscientas personas en los panteones.

Y es que no se puede pedir menor castigo a quienes irresponsable y criminalmente contagian sin ton ni son “a medio mundo” en la calle, al no mantenerse en resguardo, tanto adultos como menores de edad (responsabilidad de padres de familia), pese a portar graves enfermedades y amenazantes virus que están menguando la de por sí precaria salud de los mexicanos.

Cualquier esfuerzo de información preventiva por parte de las autoridades de salud, como las que están en marcha hoy en día, queda frustrada con la aberrante actitud de paterfamilias que circulan normalmente en mercados, centros comerciales, plazas públicas, escuelas, iglesias, áreas deportivas o principales avenidas de la ciudad, dispersando sin piedad alguna enfermedades tales como el rotavirus, sarampión, varicela, neumonía, faringitis y hasta salmonelosis, ya no digamos la alerta que ahora enfrentamos con respecto a la influenza humana, y no hace mucho la gripe aviar.

Además de afectar grave e impunemente la salud de la población en general que llega a saturar las áreas de urgencias hospitalarias, se pierden a diario innumerables oportunidades de desarrollo económico y convivencia social, al margen de millonadas de dinero en gastos médicos que pocos pueden sufragar, incluyendo el propio sector salud que reconoce encontrarse rebasado ante la creciente demanda de suministros.

Lo peor de todo es que la mayoría de la población afectada son los niños y ancianos, muchos quienes sin deberla, ni temerla, han llegado a perder la vida o a menguar la que todavía disponen por la absurda testarudez de irresponsables que parecieran creer que las enfermedades se deben compartir al igual que la democracia.

Resulta indispensable aplicar medidas contundentes contra aquellos que a sabiendas de encontrarse enfermo (y también omisos ¿por qué no?, el desconocimiento de la Ley no excluye su cumplimiento), se atreva tan siquiera asomarse a la ventana de su casa, puesto que la salud de miles en Jalisco y seguramente millones de personas en todo el país, como así lo evidencian las cifras oficiales, se encuentra en juego, generando criminales pérdidas a la integridad y el patrimonio comunitario, e indiscutiblemente también al erario público que debe dejar de ser motivo de dispendios innecesarios.

Así como hay multas y cárcel para quienes tiran basura, atropellan a un semejante o lesionan el patrimonio ajeno, también debiera extremarse la acción punitiva del Estado contra quienes contagiando enfermedades (y peor aún, favoreciendo con ello mutaciones implacables que no tienen cura) que ponen en riesgo la existencia de un ser humano y menoscaban la competencia productiva y social de nuestra sociedad.

No se vale que innumerables y altamente costosos esfuerzos por mantener a salvo la salud de los habitantes, se tiren por la borda simplemente por mantener la rutina de algunos necios y seguramente otros ignorantes, que quizás desconocen el criminal impacto de sus irresponsabilidades al circular enfermos más allá de su obligado resguardo en casa.

Bien dicen que el peor enemigo de un ser humano lo es otro igual, puesto que si algún malpensado se atreviera a elucubrar la “reconquista” de la Perla de Occidente, no se requeriría trasladar numerosos ejércitos y poderosa artillería, sino en verdad simplemente pasear por la Plaza Tapatía o Plaza Galerías a un enfermo de la influenza humana o con el virus del Ébola (ambos detonantes disponibles para terroristas en tianguis del Medio Oriente), para acabar con esta siempre (¿?) noble y leal ciudad.

Miles de tapatíos le podrán confirmar que esta advertencia no es alarmista, sino una cruel realidad que ha llevado a muchos al panteón, por lo que si nuestros diputados y autoridades ejecutivas no reaccionan a tiempo, regresaremos a los tiempos aquellos en que con tantas nuevas y resistentes enfermedades, los camposantos resultaban insuficientes... no hay que esperar a la resurrección de fray Antonio Alcalde para actuar.

* Es periodista, consultor y profesor universitario
mailto:moises@notiemp.com

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